El chaleco azul – Columna Opinión ADN

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Hermana Alba Estela Barreto… ¡misión cumplida!.
Hace años, era una mañana lluviosa, quedamos de encontrarnos en la esquina de un parque a las siete. Le dije: hermana voy con cámaras y el equipo humano. “venga tranquilo, apenas nos veamos le pongo chaleco antibalas…”.
Cuando llegamos puntualmente, la hermana Alba Estela ya estaba allí. Se protegía de la lluvia con un paraguas negro. Íbamos cuatro en un taxi. La hermana nos dijo que la siguiéramos. Ya nos había entregado los cuatro chalecos azules, que al lado izquierdo, ahí donde palpita el corazón, decía Paz y Bien. Los chalecos azules eran de dril, esa tela que puede costar tres mil pesos el metro, Me entregó el chaleco y, me dijo: “tranquilo con este no le pasa nada”. Recuerdo su mirada, directa, franca, transparente y hasta retadora. La misma mirada de monseñor Isaías Duarte Cancino, otro Santandereano como ella.
Quien luce en Aguablanca el Chaleco azul de paz y bien, puede caminar tranquilo. Nadie lo toca. El respeto y admiración que logró la hermana, es de ese tamaño. Creyó en la justicia restaurativa. Fueron miles los jóvenes que recibieron su apoyo. En esas pequeñas casas del sector, transcurrían los días donde se transformaban vidas.
Ese es el legado de la hermana Alba Estela Barreto. ¿Seremos capaces de continuar la tarea? No podemos ser indiferentes e irresponsables dejando este legado. Gracias hermana Alba Estela Barreto por el chaleco azul de paz y bien que usted me regaló. El ha sido mi protector. Solo este símbolo: un chaleco, muestra la envergadura de la obra social que hacía en Aguablanca la Hermana. Logró respeto y admiración. Gracias hermana.

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